Francia. El grupo bancario francés Crédit Mutuel Arkéa fue víctima de un sofisticado ciberataque que permitió a delincuentes informáticos sustraer aproximadamente 100 millones de euros (unos 112 millones de dólares) mediante operaciones fraudulentas, en uno de los robos digitales más significativos registrados contra una entidad bancaria tradicional en Europa.
La entidad confirmó el ataque, que fue detectado a principios de noviembre, y explicó que los responsables utilizaron una cuenta perteneciente al propio banco para realizar transferencias hacia otras instituciones financieras. Posteriormente, los fondos habrían sido convertidos en criptomonedas a través de plataformas especializadas.
De acuerdo con las informaciones difundidas por Reuters y la agencia AFP, los atacantes habrían aprovechado una vulnerabilidad relacionada con la plataforma de un proveedor externo para ejecutar las operaciones fraudulentas. El banco no ha revelado públicamente todos los detalles técnicos del incidente.
La entidad aclaró que las cuentas y los depósitos de sus clientes no fueron afectados, debido a que las operaciones se realizaron utilizando recursos financieros propios de la institución y no mediante el acceso directo a las cuentas de los usuarios.
Tras detectar la intrusión, Crédit Mutuel Arkéa activó sus protocolos de seguridad y suspendió temporalmente determinadas transacciones para impedir nuevos movimientos irregulares. Asimismo, informó que una parte de los fondos involucrados pudo ser bloqueada y que continúa trabajando para recuperar el dinero sustraído.
El caso provocó la intervención de las autoridades judiciales francesas. La Fiscalía de París abrió una investigación por presuntos delitos relacionados con ataques a sistemas automatizados de procesamiento de datos cometidos por una organización criminal.
Crédit Mutuel Arkéa, que cuenta con más de 5.8 millones de clientes y socios, aseguró que las pérdidas no comprometen su estabilidad financiera.
El incidente ha generado preocupación en el sector bancario europeo, al demostrar que incluso las instituciones financieras sometidas a estrictos controles de seguridad pueden quedar expuestas a operaciones informáticas de gran escala.
