Por: Brendaly Morel
El PLD no solo está llamado a escoger un candidato presidencial; está llamado a escoger a la persona que tendrá la responsabilidad de volver a conectar con los dominicanos y demostrar que el partido está listo para gobernar otra vez.
Y cuando uno mira el escenario con objetividad, sin fanatismos y dejando a un lado las emociones del momento, es difícil no llegar a una conclusión: Francisco Javier García reúne las condiciones que hoy necesita el PLD.
Las elecciones no se ganan únicamente con entusiasmo. Se ganan con liderazgo, credibilidad y, sobre todo, con la confianza de una ciudadanía que quiere saber quién está realmente preparado para gobernar. Esa confianza no se improvisa; se construye a lo largo de los años, enfrentando desafíos, tomando decisiones y asumiendo responsabilidades.
Ahí es donde la experiencia de Francisco Javier García adquiere un valor estratégico.
Su trayectoria no puede medirse únicamente por el tiempo que ha permanecido en la política, sino por la magnitud de las responsabilidades que ha asumido y por los resultados que ha entregado. Ha conocido el partido desde su nacimiento, ha sido parte de sus momentos más trascendentales y ha ocupado posiciones desde las cuales tuvo que tomar decisiones que impactaron al país. Esa combinación de experiencia partidaria y experiencia de gobierno constituye un activo que pocos dirigentes pueden exhibir.
Francisco Javier no conoce el Estado por referencias; lo conoce porque ha participado en su conducción. Sabe cómo funciona la administración pública, cómo se articulan las instituciones, cómo se diseñan las políticas públicas y cuáles son los desafíos que enfrenta un gobernante cuando las decisiones dejan de ser discursos y se convierten en responsabilidades.
Esa diferencia es fundamental. Una cosa es aspirar a gobernar y otra muy distinta es haber demostrado que se tiene la capacidad para hacerlo. La experiencia enseña algo que ningún manual puede transmitir: cómo actuar cuando las circunstancias son complejas, cómo mantener el equilibrio en medio de las presiones y cómo tomar decisiones pensando en el interés nacional antes que en la conveniencia política.
Por eso, cuando Francisco Javier habla de economía, empleo, turismo, seguridad ciudadana, salud, educación o institucionalidad, lo hace desde el conocimiento que otorgan los años de gestión y la participación directa en la toma de decisiones. No presenta fórmulas improvisadas; plantea soluciones con la serenidad de quien entiende las oportunidades y las limitaciones del Estado.
También conoce el PLD como pocos. Ha acompañado su crecimiento, sus victorias y sus momentos más difíciles. Sabe que los partidos fuertes se construyen alrededor de la unidad, el respeto institucional y la capacidad de integrar todas las voces. Esa experiencia le permite comprender que el principal reto del PLD no es solo ganar una consulta, sino salir de ella fortalecido y en condiciones de volver a conectar con la sociedad.
En un momento en el que la política suele privilegiar la inmediatez, la experiencia vuelve a convertirse en un factor decisivo. Los desafíos de la República Dominicana requieren un liderazgo que inspire confianza, que transmita estabilidad y que tenga la madurez suficiente para gobernar sin improvisaciones.
Si la pregunta es quién posee la experiencia para dirigir el partido y, al mismo tiempo, gobernar con conocimiento del Estado, capacidad política y visión de país, la trayectoria de Francisco Javier García ofrece una respuesta que difícilmente puede pasar inadvertida.
