El Gobierno de Unidad Nacional (NUG), que se considera la principal organización opositora al régimen militar, ha reportado que entre el 8 y el 23 de agosto se llevaron a cabo 239 ataques aéreos en 11 regiones, bajo el mando de Min Aung Hlaing.
Estos ataques han sido calificados por la oposición como un incremento alarmante de la violencia y han expresado su preocupación por el impacto en una población que ya enfrenta las severas consecuencias de las inundaciones.
El NUG afirma que los bombardeos han causado numerosas víctimas civiles y han empeorado una situación humanitaria que ya era crítica, afectada por el conflicto armado que atraviesa Myanmar desde el golpe militar de 2021.
El informe de la oposición menciona específicamente que entre las víctimas se cuentan 12 menores, según el balance dado a conocer este miércoles.
Las inundaciones han complicado aún más las condiciones de vida en diversas áreas del país, donde millones requieren asistencia y enfrentan problemas para acceder a alimentos, agua potable, atención médica y refugio.
La oposición ha denunciado que la intensificación de los ataques aéreos coincide con un momento en que muchas comunidades se encuentran particularmente vulnerables debido a fenómenos meteorológicos adversos.
Estos bombardeos son parte del prolongado conflicto entre las fuerzas de la junta militar y grupos opositores y étnicos armados que controlan o disputan extensas áreas del territorio birmano.
Desde el golpe de Estado en febrero de 2021, Myanmar ha estado sumido en una crisis política y militar que ha provocado desplazamientos masivos y un deterioro de las condiciones humanitarias.
El Gobierno militar ha recurrido a los ataques aéreos como una táctica en su lucha contra los grupos que se oponen a la junta, mientras que organizaciones opositoras y de derechos humanos señalan que estas acciones también han tenido un impacto devastador en la población civil.
El número de 88 fallecidos proviene de las cifras ofrecidas por el Gobierno de Unidad Nacional y no ha sido posible corroborar de manera independiente en todas las áreas afectadas, debido a las dificultades para acceder a regiones donde continúan los combates.
La situación ha mantenido en alerta a organizaciones humanitarias, que enfrentan serios obstáculos para brindar ayuda a las comunidades afectadas por el conflicto y las inundaciones.
La combinación de violencia armada, desplazamiento forzado y desastres naturales ha profundizado la crisis en Myanmar, aumentando las necesidades de asistencia entre millones de personas.
