Tokio, Japón — Las tradicionales organizaciones criminales yakuzas, históricas mafias japonesas conocidas por su jerarquía rígida, tatuajes y códigos de honor, están siendo desplazadas por una nueva generación de grupos delictivos más flexibles y tecnológicos, conocidos como “tokuryu”, que reclutan a través de redes sociales y operan con estructuras descentralizadas.
Según informes basados en testimonios desde una prisión japonesa, jóvenes delincuentes prefieren integrarse a estas redes “tokuryu”, en lugar de a los yakuzas, por la ausencia de restricciones tradicionales y la posibilidad de obtener ganancias más rápidamente mediante fraude y otros delitos digitales.
Los “tokuryu”, cuyo nombre significa literalmente “anónimos y fluidos”, forman equipos ad hoc para cometer delitos específicos, desde estafas sofisticadas a personas mayores hasta atracos violentos, y utilizan mensajería cifrada para mantener ocultos a sus líderes.
Este fenómeno ha resultado en un declive significativo del atractivo de los yakuzas entre la generación Z y los millennials, quienes rechazan iniciar en la pirámide jerárquica tradicional y buscan incorporarse a estructuras criminales más flexibles y opacas.
Aunque el número de miembros de los yakuzas ha caído a niveles históricos tras décadas de leyes antimafia y vigilancia policial, algunas facciones tradicionales han establecido vínculos con los “tokuryu”, ofreciendo protección a cambio de parte de las ganancias de los delitos, según autoridades japonesas.
La policía de Tokio ha señalado que el combate a estas nuevas redes delictivas es una prioridad en materia de seguridad pública, dada su capacidad para generar fraudes a gran escala y reclutar en línea a personas vulnerables en busca de dinero rápido.
