Santo Domingo, República Dominicana — El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, inició lo que define como un proyecto expansionista y energético en Venezuela, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses, abriendo una nueva etapa de intervención política y económica en América Latina.
La administración Trump presentó este movimiento como una estrategia destinada a controlar los vastos recursos petroleros venezolanos, que constituyen las mayores reservas de crudo del mundo, alegando que estos habían sido subutilizados debido a décadas de sanciones, corrupción y falta de inversión.
Según la Casa Blanca, la operación se inscribe en un plan más amplio para establecer una presencia estadounidense duradera en la región, con énfasis en la industria petrolera y energética venezolana y en la redefinición de las relaciones comerciales, políticas y de seguridad hemisférica.
Trump ha dejado claro que, aunque se plantea una transición en Venezuela, ésta está supeditada a etapas previas de “estabilización” y “recuperación”, en las que Estados Unidos facilitará la reconstrucción de la infraestructura petrolera y promoverá la participación de empresas energéticas estadounidenses.
La estrategia ha generado rechazo internacional y cuestionamientos sobre la legalidad de la intervención militar en territorio venezolano, con organizaciones como Naciones Unidas expresando dudas sobre su compatibilidad con el derecho internacional.
El enfoque de Trump ha sido percibido como un cambio en la política exterior estadounidense hacia la región, priorizando intereses estratégicos y económicos, particularmente el acceso y gestión de recursos naturales, por encima de tradiciones diplomáticas de no intervención.
Hasta ahora, la operación ha desencadenado tensiones y debates tanto dentro de Venezuela como en el ámbito regional, marcando un momento significativo en las relaciones entre Washington y América Latina.
