Caracas, Venezuela – En los años 30, el joven médico Jacinto Convit ingresó a la leprosería de Cabo Blanco y tomó una decisión que marcaría la historia de la medicina en el país. Ante las precarias condiciones de los pacientes, aislados y marginados, Convit decidió dedicar su vida a mejorar su tratamiento y dignidad, desafiando el estigma social de la época.

Su labor pionera llevó al desarrollo de una vacuna contra la lepra y promovió un enfoque más humano, pasando del aislamiento forzado a la atención ambulatoria. Este cambio no solo salvó vidas, sino que colocó a Venezuela a la vanguardia en el control de la enfermedad. A lo largo de su carrera, Convit recibió reconocimientos internacionales, incluyendo el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, y fue nominado al Premio Nobel de Medicina, dejando un legado que perdura hasta hoy.

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