Johannesburgo, Sudáfrica.– La historia de Martin Pistorius, un joven sudafricano que quedó prácticamente inmóvil durante años tras una enfermedad inexplicable, se convirtió en un caso extraordinario de supervivencia y superación.
En 1988, cuando tenía 12 años, Pistorius comenzó a presentar dolor de garganta. Su estado de salud se deterioró progresivamente hasta perder la capacidad de caminar y, posteriormente, de hablar. Los médicos diagnosticaron una meningitis criptocócica, aunque no pudieron determinar con precisión las causas de su posterior deterioro.
A sus padres les recomendaron llevarlo a casa y esperar su muerte. Sin embargo, su padre, Rodney Pistorius, continuó cuidándolo diariamente, mientras Martin permanecía en un centro especializado.
Con el paso de los años, Martin comenzó a recuperar progresivamente la conciencia. Según relató posteriormente, alrededor de los 16 años empezó a ser consciente de lo que ocurría a su alrededor y, hacia los 19, había recuperado plenamente su conciencia, aunque permanecía prácticamente incapaz de controlar su cuerpo y solo podía comunicarse mediante sus ojos.
Durante ese período fue testigo, desde su aislamiento, de acontecimientos como la muerte de la princesa Diana y los atentados del 11 de septiembre de 2001, mientras quienes lo rodeaban desconocían que podía comprender lo que sucedía.
En uno de los momentos más dolorosos de su experiencia, su madre, Joan, llegó a decirle que deseaba que muriera, sin saber que él podía escucharla. Martin contó posteriormente que aquellas palabras lo afectaron profundamente, aunque con el tiempo comprendió la desesperación que atravesaba su madre y aseguró que no la culpaba.
El punto de inflexión llegó cuando tenía 25 años, cuando su cuidadora, Virna van der Walt, observó que respondía mediante pequeños movimientos de los ojos y expresiones faciales. Su insistencia permitió que fuera evaluado en el Centro de Comunicación Aumentativa y Alternativa de la Universidad de Pretoria, donde determinaron que estaba consciente y podía responder a estímulos.
A partir de entonces, Martin pudo recuperar una forma de comunicación mediante tecnología asistida. Posteriormente se graduó con honores en Ciencias de la Computación, ofreció una charla TED, publicó su autobiografía Ghost Boy, formó una familia y desarrolló una carrera como desarrollador web y defensor de los derechos de las personas con discapacidad.
Su historia se convirtió en un ejemplo de cómo una persona puede permanecer consciente durante años sin poder expresarlo, y de la importancia de reconocer y facilitar formas alternativas de comunicación.
