WASHINGTON D.C. — El proyecto estratégico “Cúpula Dorada”, impulsado por el presidente Donald Trump como un sistema de defensa antimisiles de última generación para proteger a los Estados Unidos de amenazas balísticas, hipersónicas y aerotransportadas, sigue ganando atención dentro y fuera del Congreso estadounidense, incluso cuando la administración ajusta su estrategia de seguridad nacional para 2026. El plan, valorado inicialmente en unos USD 175 mil millones con miras a estar operativo para 2028, ha generado debates sobre su coste, viabilidad técnica y prioridades de gasto militar.
La iniciativa, presentada formalmente en 2025, propone un escudo antimisiles inspirado en sistemas como la Cúpula de Hierro israelí pero con alcance espacial ampliado. El proyecto contempla múltiples capas de defensa, incluida una satelital, y atraer a importantes contratistas de defensa como SpaceX, Palantir y Lockheed Martin para su desarrollo.
En los últimos meses, analistas y legisladores han discutido el impacto económico y estratégico de “Cúpula Dorada” dentro de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en diciembre de 2025. Este documento reorienta la política exterior estadounidense hacia un enfoque más centrado en prioridades domésticas y redefinición de alianzas, mientras sigue priorizando capacidades de defensa avanzada.
Además de las cuestiones técnicas y presupuestarias, el proyecto ha influido en dinámicas geopolíticas recientes, al tiempo que la Casa Blanca navega relaciones exteriores complejas, incluyendo reuniones de alto nivel para tratar conflictos globales y amenazas nucleares.
Aunque el despliegue total de la “Cúpula Dorada” aún está lejos, los avances en su diseño conceptual y su inclusión en planes de infraestructura federal mantienen el debate vivo en Washington y entre aliados estratégicos, marcando un hito en la política de defensa estadounidense de cara a 2026.
