Por: Robinson Basden, Estratega de Marcas Comunicador, Consultor y Analista Político
Una embajadora de Estados Unidos compartiendo en un colmado dominicano podría parecer una escena sin mayor trascendencia. Una visita informal, algunas fotografías, conversaciones espontáneas y publicaciones en redes sociales. Nada que, a simple vista, merezca un análisis de política internacional.
Pero si le aplicamos la mayéutica y observamos lo que viene ocurriendo en distintos países de América Latina, esa imagen adquiere otra dimensión. No porque un encuentro en un colmado represente necesariamente una decisión política importante, sino porque revela cómo están cambiando los escenarios en los que se construye la comunicación diplomática o Diplomacia Popular.
Al estilo de la antigua Roma o de los majestuosos salones de Versalles, durante décadas nos acostumbramos a ver a los embajadores de nuestro país como figuras inalcanzables en reuniones oficiales, encuentros empresariales, recepciones y actividades institucionales. Eran figuras que, salvo determinadas excepciones, mantenían una distancia considerable respecto de la vida cotidiana de los ciudadanos de nuestro país.
Pero hoy encontramos una realidad diferente en nuestro país y en toda Latinoamérica, los representantes diplomáticos participan en festividades populares, bailan salsa, samba, merengue, música norteña y esta bachata, visitan mercados, colmados comparten experiencias gastronómicas, y conversan con influencers que tienen acceso a audiencias que antes resultaban difíciles de alcanzar desde los canales oficiales o desde los despachos de las embajadas.
Y con esto me surge una pregunta clave: ¿estamos frente a una diplomacia más cercana a la gente o ante una evolución de los mecanismos mediante los cuales los Estados buscan proyectar sus intereses e influir en la opinión pública?
No creo que debamos presentar esas dos posibilidades como necesariamente contradictorias. La diplomacia puede desarrollar relaciones humanas genuinas y, al mismo tiempo, responder a objetivos institucionales perfectamente definidos. Lo importante de todo esto es comprender esa doble naturaleza de las cosas.
En República Dominicana, la embajadora estadounidense Leah Francis Campos ha desarrollado una cercanía con el pueblo Dominicano nunca antes vista y con esto una presencia pública que combina encuentros institucionales, actividades religiosas, culturales y participación activa en espacios de medios digitales, esto en muy poco tiempo la ha revestido con el velo de la dominicanidad y el pueblo la percibe como una más de ellos y sobre todo porque habla muy bien el español. Su aparición en un colmado de Villa Sombrero, Baní, junto a personalidades políticas y mediáticas, ofrece un ejemplo particularmente interesante para examinar este fenómeno.
Quienes conocemos nuestra realidad social sabemos que un colmado no es únicamente un establecimiento comercial. Es un espacio de convivencia que lleva décadas arraigado en nuestra cultura y ADN como nación y donde se conversa de política, se hablar de los chismes del momento, se discuten los problemas del país, se juega dominó, se escucha música, se habla duro, se bebe ron y cerveza o cualquier elixir que le permita al dominicano dejar de lado los problemas al menos por un rato, ya que al otro día hay que trabajar.
Por eso, cuando una representante diplomática entra a un colmado, está participando en un escenario profundamente vinculado con nuestra identidad cultural y nuestras raíces.
Desde la perspectiva de las relaciones públicas, la selección de los espacios donde aparece una figura institucional influye en la manera en que esa figura es percibida ante los ojos de la población. No es lo mismo comunicar desde una recepción diplomática que hacerlo desde un lugar que el ciudadano reconoce como parte de su vida diaria y como suyo.
LA DIPLOMACIA POPULAR NO COMENZÓ EN REPÚBLICA DOMINICANA
Lo que estamos observando tiene antecedentes en otros países latinoamericanos. En Perú, la entonces embajadora estadounidense Stephanie Syptak-Ramnath participó en actividades relacionadas con la gastronomía popular y visitó establecimientos tradicionales donde compartió experiencias de la cultura peruana.
En Argentina, el exembajador Marc Stanley recorrió provincias, compartió mate (una especie de té dominicano) con ciudadanos y sostuvo encuentros con sectores políticos, empresariales y sindicales.
En Brasil, la exembajadora Elizabeth Bagley participó en actividades vinculadas al carnaval y a expresiones culturales locales. Y en Colombia, el encargado de negocios John McNamara apareció en actividades de la Feria de Cali, una de las celebraciones más representativas de ese país bailando salsa y disfrutando como cualquier Colombiano de ese épico encuentro cultural.
Al citar estos casos no estamos hablando de situaciones idénticas ni tenemos argumentos suficientes para afirmar que todas respondieran a un mismo plan regional… jamás.
Sin embargo, estos antecedentes muestran que la participación de representantes estadounidenses en espacios culturales y populares no constituye una novedad exclusiva de República Dominicana…. Pero si una novedad para el pueblo dominicano.
De hecho, ya en 2011 el Departamento de Estado documentaba experiencias de diplomacia digital en Bolivia, Uruguay, Brasil y nuestro propio país. En aquel momento, Facebook y otras herramientas digitales comenzaban a modificar la relación entre las embajadas y los ciudadanos. Pero hoy con el alcance y rapidez de las redes sociales para difundir mensajes y crear comunidades, el escenario comunicacional en la era digital de hoy resulta mucho más complejo.
CUANDO LOS COMUNICADORES SE CONVIERTEN EN INTERLOCUTORES DEL PODER INTERNACIONAL o LOCAL.
Durante mucho tiempo, la diplomacia encontraba en los periódicos, periodista, las estaciones de radio y las grandes cadenas de televisión sus principales canales para comunicarse con la sociedad, algo lento si lo comparamos con los medios digitales, pero era lo que había, mas sin embargo hoy ese modelo no ha desaparecido, pero ha dejado de ser el único, el más masivo o el más rápido.
Hoy un influencers puede reunir una audiencia considerable, provocar debates nacionales, poner temas en la agenda nacional y conseguir que una conversación llegue a miles o millones de personas sin pasar por las estructuras o filtros tradicionales de información. Y es por esto que la participación de Leah Campos en espacios vinculados a influencers de la Republica Dominicana permite observar esta transformación prácticamente en vivo y a todo color.
Quiero ser preciso en este punto, sobre todo. No cuestiono que un Influencers, comunicador o periodista, entreviste a una embajadora, comparta con ella o participe en una actividad donde esté presente. El acceso a las fuentes, incluso a las figuras de mayor poder, forma parte del ejercicio profesional de la comunicación, sin lugar a dudas.
Lo que considero necesario es examinar qué hacemos con ese acceso. Porque cuando un comunicador establece una relación pública con una figura diplomática cualquier que fuese, entran en contacto dos realidades diferentes: la representación institucional de un Estado y la credibilidad que ese comunicador o influencers ha construido ante su audiencia a través de los años.
Esa relación puede generar oportunidades informativas importantes y de alto nivel. Pero también exige claridad sobre los roles de cada participante de esas conversaciones y relación. Un periodista, influencers o comunicador puede mantener relaciones cordiales con representantes diplomáticos y continuar formulando preguntas difíciles. Puede participar en un encuentro social y, al día siguiente, analizar críticamente una decisión del gobierno que esa persona representa.
Y esto no aplica exclusivamente a las embajadas extranjeras. También debemos exigirlo en nuestras relaciones con presidentes, ministros, legisladores, empresarios y cualquier otra figura que ejerza poder. En comunicación, la credibilidad no se sostiene únicamente por la cantidad de seguidores o ínfulas de figura pública. Se sostiene por la coherencia entre lo que decimos, lo que hacemos y los intereses de la audiencia a la que servimos.
Por eso, cuando la diplomacia comienza a incorporar a los influencers, comunicadores y periodistas como interlocutores, también está planteando un desafío profesional para quienes trabajamos en los medios de comunicación. Porque no basta con tener acceso al poder, debemos saber qué responsabilidad implica ese acceso.
LA CERCANÍA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES
En el estudio de las relaciones internacionales existe un concepto que ayuda a explicar parte de este fenómeno: lo que es señalado como EL PODER BLANDO, desarrollado por Joseph Nye. Se refiere a la capacidad de un país para generar atracción mediante su cultura, sus valores y sus políticas, sin depender exclusivamente de mecanismos de presión.
Estados Unidos posee una larga tradición de DIPLOMACIA PÚBLICA, lo que ha permitido el desarrollo de nuestros pueblos en Latinoamérica de una manera u otra y sobre todo el nuestro, como son los intercambios educativos, la cooperación cultural, las actividades académicas y la comunicación internacional han formado parte de sus relaciones con nuestro pueblo o sociedad durante décadas.
Por eso, sería equivocado interpretar cada visita a un barrio o cada participación en una festividad como una maniobra extraordinaria, más bien lo veo como una manera de la embajadora de satisfacer su apetito de conocer nuestra cultura y nuestro pueblo de primera mano y sin que se lo cuenten, no a través de un frio informe o líneas escritas en un papel timbrado. Y son estas acciones las cuales considero que debemos inculcar a nuestros embajadores en cualquier parte del mundo, eso es parte de la naturaleza de la diplomacia de este siglo.
Pero todo esto cambia la forma de comunicarse. Antes, una declaración oficial podía ocupar la primera plana de un periódico. Hoy una conversación informal, grabada en un teléfono móvil y difundida por un influencers, puede circular mucho más rápido y alcanzar públicos diferentes en segundos.
Sin embargo, mayor circulación no significa necesariamente mayor influencia. Para establecer esa relación habría que conocer cómo cambian las percepciones de los ciudadanos y qué efectos producen esas actividades en el tiempo para las relaciones diplomáticas, aquí la importancia de conocer la cultura de los pueblos y su gente, en este punto le doy un 10/10 a la embajadora y con esto mis respetos, admiración y me quito el sombrero si lo utilizase.
Pero algo que la embajadora no debe dejar de lado es que no todos los públicos interpretan de la misma manera la cercanía de un representante extranjero, algunos pueden verla como una expresión de respeto hacia nuestra cultura. Otros pueden preguntarse por sus objetivos institucionales obligados de sus funciones en el país.
REPÚBLICA DOMINICANA ANTE UNA NUEVA REALIDAD COMUNICACIONAL
Nuestro país mantiene una relación histórica y estratégica con Estados Unidos, es nuestro principal socio comercial. Es por esto que el comercio, la inversión, la migración, la seguridad, el turismo y los vínculos familiares hacen que esa relación tenga consecuencias directas sobre la vida de millones de personas y con un sentimiento mas fraternal que comercial entre las dos naciones.
Y luego de todo esto me interesa más una pregunta: ¿qué estamos aprendiendo los dominicanos sobre el funcionamiento de la comunicación diplomática internacional en estos tiempos?
Porque mientras las embajadas modernizan sus canales, amplían sus contactos y buscan nuevas formas de relacionarse con la ciudadanía, nuestras instituciones y nuestros medios también enfrentan el desafío de comprender ese nuevo escenario y adaptarse.
La comunicación diplomática estratégica no consiste simplemente en publicar contenido, aparecer en fotografías, publicar notas de prensa o acumular visualizaciones en nuestras cuentas en redes sociales. Consiste en establecer objetivos, conocer los públicos, construir relaciones y evaluar resultados. Y cuando hablamos de relaciones entre Estados, esos resultados deben examinarse también desde el interés nacional.
MÁS ALLÁ DE LA FOTOGRAFÍA, que nos enseña
Hay algo que me parece especialmente revelador de esta nueva etapa de la diplomacia pública. Durante años, la diplomacia buscó relacionarse principalmente con quienes ocupaban posiciones de autoridad institucional es decir el JET SET de la política o grupos de poder. La Diplomacia Popular de hoy también reconoce la importancia de quienes poseen capacidad de convocatoria, influencia social, cultural y atención pública… es decir quienes tienen acceso al pueblo.
Eso no significa que un influencers, comunicador o periodista haya sustituido a un ministro ni que una entrevista digital o mediática tenga el mismo peso que un acuerdo bilateral. Significa que el poder de comunicar se ha distribuido entre más actores, hay más personas sentadas a la mesa de la comunicación y que las instituciones públicas y privadas están adaptándose a esa realidad.
NUESTRA REFLEXIÓN FINAL
La diplomacia está entrando en espacios donde antes no acostumbrábamos a verla, se está colando por las puertas, las ventanas y las rendijas. Y considero que eso merece ser estudiado con seriedad, sin entusiasmo ingenuo y sin sospechas automáticas.
Que una embajadora visite un colmado no debería escandalizarnos. Tampoco debería impedirnos hacer preguntas sobre la comunicación del poder y el ejercicio de la diplomacia popular. Lo que verdaderamente debe interesarnos es comprender cómo se están transformando las relaciones entre gobiernos, medios de comunicación y ciudadanos hoy en día en el mundo y sobre todo en nuestro país.
Como comunicador, entiendo el valor de abrir puertas, conversar con todos los sectores y construir relaciones, dicho en palabras del maestro de maestro… EL HOMBRE ES UN ANIMAL POLÍTICO. También entiendo que nuestra responsabilidad no termina cuando conseguimos una entrevista o una fotografía con una figura importante, sino todo lo contrario comienza precisamente ahí en ese preciso momento.
Porque el acceso puede acercarnos a la información privilegiada, pero es nuestra independencia la que permite convertirla en conocimiento útil para la sociedad con quien es nuestra principal responsabilidad.
Y con estas palabras cierro reflexión sobre la diplomacia popular. La embajadora puede salir de su despacho y sentarse a conversar en un colmado dominicano, y ese gesto merece nuestro reconocimiento y agradecimiento. Porque más allá de los protocolos, las agendas oficiales y las formalidades propias de su investidura, existe un valor humano en acercarse a la gente, compartir sus espacios cotidianos y permitir que cualquier dominicano de a pie tenga la oportunidad de saludarla, intercambiar unas palabras o tomarse una fotografía que luego mostrará con orgullo a sus familiares y amigos. Puede parecer un detalle sencillo, pero para ese ciudadano representa una experiencia de vida especial y única… haber compartido, aunque sea por unos minutos, con la representante diplomática de una de las naciones más influyentes del mundo.
Por eso, queremos reconocer públicamente esa disposición de la embajadora Leah Francis Campos y motivarla a continuar recorriendo nuestras comunidades, visitando nuestros barrios, conversando con nuestros jóvenes, escuchando a nuestros comerciantes, empresarios y conociendo de primera mano la realidad de los dominicanos. Que siga entrando a nuestros colmados, compartiendo nuestra cultura y descubriendo ese país que muchas veces no aparece en los salones oficiales, pero que constituye una parte esencial de nuestra identidad nacional.
Estamos convencidos de que las relaciones entre dos naciones también se enriquecen con esos pequeños encuentros humanos, donde no hacen falta grandes discursos para expresar respeto, cordialidad y voluntad de acercamiento. Y aunque comprendemos que su misión fundamental es representar los intereses de Estados Unidos, valoramos que encuentre tiempo para conocer y escuchar a la gente común de nuestro país.
Ojalá esa cercanía continúe y se extienda a más comunidades, porque cuando una embajadora se acerca al ciudadano común, no pierde la dignidad de su investidura; por el contrario, le incorpora una dimensión humana que merece ser reconocida. Y si de uno de esos encuentros un dominicano regresa a su casa con una fotografía, una sonrisa y una historia que contar a su familia, ya existe un valor humano que ninguna formalidad diplomática debería subestimar.
¡Que viva la República Dominicana!…
